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Leo en el periódico que 50.000 inversores españoles han perdido sus ahorros, y no solo eso, sino que en Brasil el número de estafados es de 240.000 y en República Dominicana llegan as 150.000. ¿Qué es lo que ha pasado?

En economía se conoce como una estafa piramidal a un modelo fraudulento de negocios que únicamente se basa en que los nuevos participantes produzcan beneficios a los anteriores. En este tipo de estafa ni se venden productos ni hay servicios claros de por medio, y se le llama piramidal porque siempre requiere que el número de participantes nuevos sean más que los existentes anteriormente. Llega un momento en que la cantidad de nuevos participantes se satura, ya no pueden entrar más socios y toda la pirámide se viene abajo.

Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor. Imaginemos que cuelgo mensajes por internet y digo que si una persona me da dos euros, a la semana siguiente yo le daré cuatro. La primera semana vienen tres incautos que me dan dos euros cada uno, y a la siguiente consigo que diez personas hagan lo mismo. Tengo en total 26€. Pago a los de la primera semana los 12€ que les debo y yo me quedo con 14€. Los tres primeros estafados no se lo pueden creer, tienen el doble de dinero y nada más recibir sus beneficios se lo dicen a todos sus amigos. De repente tengo treinta y cinco personas que también quieren duplicar su dinero, así que de repente me dan 70€, con los que pago los 30€ que debo a los de la siguiente semana y yo gano 40€. Repito el proceso hasta que, de repente, una semana ya no hay suficiente gente nueva para pagar a los de la semana anterior. Entonces yo cojo una maleta llena de dinero y desaparezco. Fin del juego.

Eso es lo que les ha pasado a los que han invertido en TelexFree, una compañía/estafa que prometía retornos increíbles si primero pagabas por entrar en un sistema que, según decían sus creadores, permitía cobrar miles de euros por copiar y pegar anuncios clasificados en Internet. Con solo 10 minutos de trabajo al día ofrecían retornos del 265% del capital invertido. Así que, a más dinero invertido, mucho mejor, ¿no?

En el libro El arte de vender mierda hablé de la estrategia del asombro, es decir, prometer cosas increíbles para engañar a la gente. Las estafas piramidales además juegan con la estrategia de la desesperación, ya que mucha de la gente que pone su dinero ahí dentro no tenía muchas más opciones de salir del atolladero donde se encontraban. Gastaron todos sus ahorros en un último intento, pero fracasaron.

Es ahí donde entra en juego el escepticismo, hacerse preguntas ante las cosas que nos cuentan, dudar de manera sistemática. Dice un dicho que a toro pasado todos sabíamos que venía un toro, así que muchos podrán decir, ¿cómo ser escépticos en todo lo que nos dicen? La respuesta es sencilla, un mínimo nivel de escepticismo es bueno en muchos aspectos, pero que el lector me crea cuando digo que, un buen indicador para subir a niveles altos nuestro escepticismo, es que alguien nos pida dinero. Tal cual pude aprender durante los años que fingí ser un pseudocientífico,  los estafadores y pseudocientíficos en general buscan conseguir dinero, así que cuando alguien quiera tu dinero no te apresures a darlo, aunque te prometan muchas cosas sorprendentes.

Ante la perspectiva del dinero fácil o curas milagrosas perdemos nuestro sano escepticismo, así que por eso hay que tener mucho más sentido crítico en esos casos. Hacerse preguntas como ¿de qué manera se obtiene el beneficio en este sistema?, ¿por qué todo el mundo está interesado en que entre más gente si eso puede reducir los beneficios?, ¿si es tan fácil porque no hay más empresas haciéndolo? Otra forma de escepticismo es preguntar a alguien que tenga más conocimientos y que no pertenezca a la empresa en cuestión. Antes de invertir recomiendo al lector algo elemental: hablar con alguien que entienda de creación y gestión de empresas para saber su opinión. Si no, pueden ocurrir cosas como las que hemos retratado aquí.

Según fuentes del periódico El País, un hombre sufrió un infarto tras enterarse de la quiebra. Su familia había invertido 42.000€, pero este tipo de estafas no es algo novedoso, ¿por qué la gente no aplica ya de una vez el escepticismo en esta materia?, ¿cómo alguien puede invertir 42.000€  sin hacerse preguntas? Estos timos pueden llegar a escalas monstruosas, por ejemplo cuando en Albania, en el año 1997, cerca de dos terceras partes de la población fue víctima de una estafa piramidal que produjo pérdidas de 1200 millones de dólares en una población de tres millones de habitantes. Como resultado hubo una rebelión que por muy poco no desencadenó una guerra civil. Nuestro país también ha vivido estafas piramidales muy famosas, Sofico en 1974, Fidecaya en 1982, Gescartera en 2001 o el Fórum Filatélico en 2006, que dejó sin sus ahorros a más de 465.000 personas y produjo un agujero patrimonial de 4666 millones de euros. Sin embargo, este tipo de estafas son muy antiguas, de hecho, uno de los casos españoles más famosos se remonta a mediados del siglo XIX, cuando Baldomera Larra Wetoret (hija del escritor Mariano José de Larra), prometía al que le dejara una onza de oro que en un mes se la devolvería duplicada. Es el mismo ejemplo que puse al principio usando monedas, pero esta vez con onzas de oro. Llegó a recaudar 22 millones de reales, pero la quiebra llegó en 1876 cuando desapareció con todo el dinero que pudo llevarse. Como podemos ver, las estafas piramidales son lo suficiente antiguas y comunes como para que, cuando alguien nos promete mucho dinero a cambio de darle un poco del nuestro, utilicemos el escepticismo de manera equivalente a las cantidades solicitadas.

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